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Reflexiones en torno al desarrollo del medio rural

Es un hecho indiscutible que, desde un punto de vista de superficie territorial,  España  sigue siendo  todavía un país eminentemente rural.  Casi un 90% del territorio está  considerado como tal, si bien  desde el  punto de vista  demográfico este vasto territorio integra únicamente un 20% de la población total.  Ello nos lleva a concluir que  una de las características socio demográficas  que describen el medio rural  es la baja densidad de población en comparación con la alta concentración que experimentan  los  núcleos urbanos y zonas periurbanas.  Otro dato debe ser tomado en cuenta a la hora de evaluar el peso cualitativo del medio rural en relación al resto del territorio: La tasa de actividad en los municipios rurales es del 47,2% frente al 57,1% que ocupa en los municipios urbanos, otro dato inquietante es que el despoblamiento de las zonas rurales sigue siendo una de las tareas pendientes como pone de manifiesto el hecho de que se calcula en un 30% la pérdida de población rural experimentada sólo en la primera década del siglo XXI. Revertir esta tendencia estructural de la economía española no es una tarea fácil.

Desde Algaba nos gustaría exponer algunas de las estrategias que consideramos indispensables a la hora de abordar esta problemática y a las cuales dedicaremos una mayor reflexión en sucesivas entradas de nuestro blog. Consideramos prioritario llegar al convencimiento de que nuestra sociedad necesita  de una agricultura y  ganadería ligada a la tierra que se desarrolle bajo el principio de  Conservación-Producción y  que aporte alimentos variados, valiosos y de calidad,  fomentando la creación de empleo local estable; se hace necesario un tipo de desarrollo rural que garantice condiciones de equidad en relación a otros sectores de actividad a fin de minimizar los desequilibrios existentes en la actualidad, en el fondo de lo que se trata es de propiciar una política tendente a enfocar el desarrollo rural desde una perspectiva integral donde la conservación de la naturaleza, el paisaje y las tradiciones agrícolas sean parte consubstancial de los modelos productivos de los que nunca debieron ser excluidos.